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Este fin de semana, algunos han celebrado el día de muertos y otros el Halloween, y mientras tanto yo sólo me he dedicado al trabajo. Actualicé mi blog de TRABAJO (antesala.wordpress.com) y logré delinear parte de la  estrategia que seguiremos para nuestra campaña online.

Se supone que este espacio debería estar dedicado única y exclusivamente a actividades recreativas y culturales, pero parace que en este día de muertos también tendré que encenderle veladoras a mi vida social.

Esperemos que el fin de semana siguiente mejore el panorama.

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Durante los últimos meses, hemos estado trabajando en un cotometraje muy chulo que se titula “Tarde, mal y nunca”. Todavía está en fase de postproducción (algunos detalles de montaje que tenenos que perfeccionar), pero ya hay varios teasers circulando por la red. Escribe y dirige mi esposo, yo produzco, y ambos tuvimos la suerte de contar con actores talentosísimos y maravillosos que regalaron su esfuerzo y su tiempo a este pequeño proyecto, además de un equipo técnico fuera de serie, incansable y muy, muy competente. Gracias a todos.

Ya en años anteriores habíamos filmado un par de cortometrajes independientes, pero el resultado de este último es muchísimo más profesional y de verdad esperamos que nos abra las puertas para futuros proyectos.

Los dejo con una probadita de “Tarde, mal y nunca”. Ojalá que lo disfruten.

El 24 de julio pasado fui a ver a Fripp y su League of Crafty Guitarists al Centre Artesà de Tradicionàrius (Travessia de St. Antoni, 6-8, Gràcia, Barcelona). Toda una experiencia que me gustaría compartir, aunque sea con dos meses de retraso.

Fripp Concert

Acompañada de un melómano incorregible, no pude menos que llegar al concierto con varias horas de antelación, primero, para identificar perfectamente la ubicación de un sitio que visitábamos por primera vez, segundo, para tener tiempo de tomarnos un café (o una cerveza, en mi caso) y fumarnos un cigarrillo antes de la función y, tercero, para asegurar un par de asientos lo más cercanos posible a los dedos de Fripp. Me complace adelantaros que cumplimos cabalmente con estos tres objetivos.

Fuente: http://www.eldebat.cat/

culturaioci.com

El concierto empezaba a las 9:30 pm, pero nosotros ya estábamos formados en la cola para entrar pocos minutos después de las ocho. En una sala pequeña, cuya acústica deja bastante que desear, no más de 50 personas nos sentamos frente a un escenario sobre el que había dispuestas varias sillas y un banco giratorio. Junto a este último, colocado en el extremo izquierdo del escenario, casi al borde del proscenio, un gran amplificador, complicadísimo, pletórico de luces intermitentes y cables conectados al sistema de audio, el Solar Voyager System atraía la mirada de los entendidos y llenaba de preguntas la cabeza de quienes no lo somos tanto.

Mientras mi esposo (el melómano incorregible del párrafo anterior) me explicaba la historia de Fripp desde sus inicios en King Crimson, una docena de guitarristas se colocó en absoluto silencio en la parte posterior de la sala, es decir, a espaldas del público, y comenzó a tocar la guitarra. La sorpresa fue muy agradable y realmente inesperada, sobre todo cuando el propio Frip salió por una de las puertas laterales que conducen a los camerinos y se quedó de pie, junto a la audiencia, mirando cómo sus pupilos embelesaban a los asistentes con sus instrumentos. Después de interpretar tres o cuatro melodías, los músicos, que resultaron ser nada menos que los aprendices o ‘”novatos” de esta  ‘liga de guitarristas habilidosos’ (lo siento, no encuentro una mejor palabra para traducir crafty en este contexto), dejaron de tocar y caminaron hasta la parte frontal de la sala de conciertos. Sin subirse al escenario, comenzaron con una nueva ronda de melodías dejándonos admirar la increíble precisión de sus dedos a pocos centímetros de distancia.

king_crimson_3

despertarawaken.blogspot.com

Finalmente, los discípulos de Fripp abandonaron la sala entre aplausos y ovaciones, y las luces se apagaron. Pocos minutos después, varios hombres vestidos negro salieron al escenario para informar de forma graciosa (pero muy en serio) que los flashes de las cámaras molestaban a los músicos (léase Fripp) y a pedir que por favor nos abstuviéramos de sacar fotografías. En alemán, en español, en inglés, en catalán, estos hombres (que resultaron ser algunos de los guitarristas que acompañan a Fripp en escena) nos pidieron que apagáramos los teléfonos móviles, que hiciéramos a un lado las cámaras de fotos y, en general, que evitáramos por todos los medios hacer cualquier cosa que pudiese distraer al maestro. Y la música empezó.

Un ensamble de 11 guitarras acústicas se apoderó del escenario y, haciendo gala de una sincronía y un acoplamiento increíbles, comenzaron a ejecutar piezas que más parecían ejercicios de armonización que melodías comunes. Uno tras otro, como si fuese una especie de reacción en cadena, los músicos se “lanzaban” las notas entre sí,  mediante una técnica (la cual, según me explicaron, es muy típica de Fripp) que consiste en no rasgar más de una cuerda a la vez. Un sonido limpio,  casi sin resonancias, salía de los instrumentos. Frip, mientras tanto, observaba a sus guitarristas desde el famoso banco. Impasible, tieso como un palo de escoba y más quieto que una estatua, esperaba el momento de entrar en acción. Las interpretaciones de Fripp y su ensamble fueron sensacionales, aunque cabe señalar que las salidas del sonido, es decir, los altavoces, no fueron todo lo que podía esperarse (nótese por favor que no soy ninguna experta).

Después de esta ronda de “ejercicios acústicos”, Fripp se quedó solo en el escenario, con carta blanca para dar vuelo a su guitarra eléctrica a través de los Soundscapes y experimentar, casi diría improvisar, con su nuevo juguetito, el Solar Voyager System. Con sonidos agradables y de aspiraciones cósmicas, Fripp logró sacarle a la guitarra coloridos extravagantes. Tras varios minutos de música interplanetaria, el ensamble de músicos volvió a escena y comenzó lo mejor del concierto: los guitarristas interpretaron adaptaciones para guitarra acústica de piezas de King Crimson, los Beatles, el propio Robert Fripp y de Bela Bartok. Sin duda, el momento más emotivo fue cuando tocaron Because, de los Beatles. A más de alguno en la audiencia se le llenaron los ojos de lágrimas, y no fueron pocos los que entendieron  esta ejecución como un tributo a una de las bandas más influyentes de todos los tiempos.

Me gustó lo que escuché; ver en vivo a una leyenda de la música contemporánea como Robert Fripp tiene su encanto. Pero, sin lugar a dudas, lo que más me impactó fue la actitud, la postura, el proceder de este gigante de la guitarra. No hizo ni una sola mueca, no movió un solo músculo de la cara durante todo el concierto. Sorprendente.

Dejo aquí un vídeo de YouTube, para aquellos a los que haya picado el bicho de la curiosidad.

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