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Hace un par de semanas por casualidad me topé con  otra joyita de los hermnos Coen: “A Serious Man”. Después de “No Country for Old Men” y “Burn after Reading”, las expectativas eran altas: Javier Bardem y John Malkovich, cada uno en su estilo, interpretaron personajes memorables y difíciles de superar. Pero la interpretación de Michael Stuhlbarg resultó también magnífica y la película, divertida. Plagada de referencias a la cultura y tradiciones judías, esta película nos presenta la historia de un hombre que se enfrenta a la pérdida y a la tragedia. La vida de Larry Gopnik (interpretado por Stuhlbarg), da un giro trágico cuando su mujer, Judith, le pide el divorcio espiritual (el “get”) para casarse con un antiguo conocido de la familia. Sus hijos, por otra parte, se dedican a robar el dinero de sus padres: el chico, para pagar al camello del vecindario y su hija, para ahorrar dinero y hacerse una rinoplastia. Las cosas empeoran aún más cuando un estudiante asiático de la universidad donde Gopnik es profesor trata de sobornarlo.

No digo más, vale la pena verla y reír un rato.

A Serious Man, 2009

Con tantas noticias inquietantes y estados ánimos alterados, parece justo dedicar un espacio a las banalidades que nos ofrece la televisión.

Estas últimas dos semanas he comenzado a seguir una nueva serie de televisión que se llama Breaking Bad. Una maravilla. En una espléndida realización y con una trama que engancha desde el primer minuto, Vince Gilligan y otros talentosos guionistas presentan la historia de Walter White, un profesor de química que descubre que tiene cáncer de pulmón.  Walter, magistralmente interpretado por Bryan Cranston, es un hombre que ronda los cincuenta con una esposa embarazada y un hijo adolescente minusválido.

No cuento más. Hay que verla. Sólo faltaría destacar que la dirección de arte, la fotografía, la edición y las actuaciones son soberbias. Me encanta.

Breaking Bad

Será porque mi mente simple y proclive al maniqueísmo divide al cine en dos grandes categorías: el cine aburrido y el cine no aburrido. Desde luego, no voy a negar que dentro de la primera categoría haya distintos grados de tedio, desde los filmes que surten el efecto de somníferos ligeros, pasando por las películas que me causan una cierta náusea y vergüenza ajena, hasta los palos en la cabeza que me dejan inconsciente, roncando en la butaca o en el sillón. Tampoco voy a negar que en la segunda categoría pueden incluirse alguna que otra comedia sosa de corte romántico y muy Hollywoodense, e incluso filmes de acción como Terminator (James Cameron, 1984). Será también que mi lado pretensioso y “artístico” gusta de la simbología sobada y de los mensajes encriptados de corte religioso al más puro estilo Dan Brown, y que mi lado oscuro pide, de vez en cuando, algo de violencia. Lo cierto es que la película Antichrist (2009), de Lars von Trier, me gustó.

Gainsbourg-Dafoe

Escena de Antichrist: Dafoe y Gainsbourg

Hay quienes afirman que este film es una de las películas más controvertidas desde A Clockwork Orange (Stanley Kubrick, 1971) o The Last Temptation of Christ (Martin Scorsese, 1988), ambas excelentes, por cierto, aunque dudo que la repercusión de Antichrist pueda ser comparable. Durante el festival de Cannes, en julio pasado, esta obra cinematográfica sobre el sufrimiento y la brutalidad despertó la furia de críticos y expertos en el tema, quienes calificaron a Trier de autoindulgente y misógino, acusándolo de ejercer sadismo contra el espectador.  Desde luego, la personalidad del danés no ayuda mucho, en especial cuando ha hecho declaraciones en la que asegura que sus trabajos son “obra de Dios” y en las que se autocalifica como el mejor director de cine del mundo. Bjork, que rodó con él el film Dancer in the Dark (2000), en su momento lo acusó de ser un ladrón de almas: “[Lars von Trier] Necesita de mujeres que le den alma a su trabajo y por eso las envidia y las odia. Entonces, tiene que destruirlas durante la filmación y después ocultar la evidencia”. Y Bjork parece no ser la única, por lo visto Nicole Kidman y Emily Watson también descendieron a los infiernos cuando rodaron Dogville (2003) y Breaking the Waves (1996), respectivamente.

Lars-Von-Trier

Dafoe, von Trier y Gainsbourg

Pero haciendo a un lado las frustraciones sexuales del director, su carácter depresivo y su propensión a la egolatría, Trier nos ofrece una película que no deja a nadie indiferente. Cierto, las escenas del zorro parlante y la automutilación genital no son los momentos más brillantes en la historia de la cinematografía, pero de esta película pueden rescatarse las increíbles actuaciones de Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg, además de la excelente fotografía de Anthony Dod Mantle. En una propuesta que tiene algo de Bergman y de The Balir Witch Project (1999), Lars logra capturar la atención de su audiencia y presentarnos a los demonios que habitan en su interior.

Dafoe

Dafoe

Esperando la sexta y última temporada de Lost, me consuelo viendo la serie Friends por enésima vez. Comedia de pastelazo, sí, de humor bastante insípido y propensa al chiste fácil, pero también sumamente reconfortante (ayuda a neutralizar las emociones desagradables e incluso a conciliar el sueño. Un anestésico formidable).  Muy recomendable para los deprimidos, los enfermos y todas aquellas personas que, por una u otra razón, necesitan guradar reposo.

Lo admito, me encanta.

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