Estás navegando por los archivos mensuales para octubre 2009.
Será porque mi mente simple y proclive al maniqueísmo divide al cine en dos grandes categorías: el cine aburrido y el cine no aburrido. Desde luego, no voy a negar que dentro de la primera categoría haya distintos grados de tedio, desde los filmes que surten el efecto de somníferos ligeros, pasando por las películas que me causan una cierta náusea y vergüenza ajena, hasta los palos en la cabeza que me dejan inconsciente, roncando en la butaca o en el sillón. Tampoco voy a negar que en la segunda categoría pueden incluirse alguna que otra comedia sosa de corte romántico y muy Hollywoodense, e incluso filmes de acción como Terminator (James Cameron, 1984). Será también que mi lado pretensioso y “artístico” gusta de la simbología sobada y de los mensajes encriptados de corte religioso al más puro estilo Dan Brown, y que mi lado oscuro pide, de vez en cuando, algo de violencia. Lo cierto es que la película Antichrist (2009), de Lars von Trier, me gustó.

Escena de Antichrist: Dafoe y Gainsbourg
Hay quienes afirman que este film es una de las películas más controvertidas desde A Clockwork Orange (Stanley Kubrick, 1971) o The Last Temptation of Christ (Martin Scorsese, 1988), ambas excelentes, por cierto, aunque dudo que la repercusión de Antichrist pueda ser comparable. Durante el festival de Cannes, en julio pasado, esta obra cinematográfica sobre el sufrimiento y la brutalidad despertó la furia de críticos y expertos en el tema, quienes calificaron a Trier de autoindulgente y misógino, acusándolo de ejercer sadismo contra el espectador. Desde luego, la personalidad del danés no ayuda mucho, en especial cuando ha hecho declaraciones en la que asegura que sus trabajos son “obra de Dios” y en las que se autocalifica como el mejor director de cine del mundo. Bjork, que rodó con él el film Dancer in the Dark (2000), en su momento lo acusó de ser un ladrón de almas: “[Lars von Trier] Necesita de mujeres que le den alma a su trabajo y por eso las envidia y las odia. Entonces, tiene que destruirlas durante la filmación y después ocultar la evidencia”. Y Bjork parece no ser la única, por lo visto Nicole Kidman y Emily Watson también descendieron a los infiernos cuando rodaron Dogville (2003) y Breaking the Waves (1996), respectivamente.

Dafoe, von Trier y Gainsbourg
Pero haciendo a un lado las frustraciones sexuales del director, su carácter depresivo y su propensión a la egolatría, Trier nos ofrece una película que no deja a nadie indiferente. Cierto, las escenas del zorro parlante y la automutilación genital no son los momentos más brillantes en la historia de la cinematografía, pero de esta película pueden rescatarse las increíbles actuaciones de Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg, además de la excelente fotografía de Anthony Dod Mantle. En una propuesta que tiene algo de Bergman y de The Balir Witch Project (1999), Lars logra capturar la atención de su audiencia y presentarnos a los demonios que habitan en su interior.

Dafoe

Echéle, José Alfredo
…pero yo no concibo esa razón, porque yo seguiré siendo el cautivo de los caprichos de tu corazón...
Y así las cosas. No importa cuán lejos esté, me sigue dando una profunda tristeza que cada vez que encuentro una noticia sobre México en un periódico español sea para leer que ha ocurrido una nueva desgracia. En la prensa de España, cuando se toca el tema de México es sólo para hablar de las corruptelas de nuestros políticos, de la crisis económica que enfrenta el país, del rebrote de la Influencia A HLNL y de los ejecutados de esta semana. En Morelos, Michoacán, el D.F. y Guerrero; en la frontera, en el centro, en la ciudad, en el campo, en la costa, en el desierto y al lado del río. Las ejecuciones son cada vez más sanguinarias, más morbosas; cuerpos descuartizados, hombres y mujeres muertos con un tiro de gracia.
Tal vez deberíamos de cambiar este bolero de La barca por una ranchera de José Alfredo: No vale nada la vida. La vida no vale nada. Empieza siempre llorando y así llorando se acaba, por eso es que en este México, la vida no vale nada…

José Gil Olmos
Cansada de tantas siglas, fechas y nombres increíblemente complicados, el miércoles de la semana pasada decidí tomar un descanso y abandonar la biografía de Hitler durante unos días (“Hitler, 1889-1936: Hubris”). Desde ese día, 7 de octubre, dediqué mis largos trayectos a la oficina a leer un libro que trajo de México un sobrino de mi esposo, que se titula Los brujos del poder, de José Gil Olmos. Más atraída por el morbo que por un deseo genuino de conocimiento, antes de abrir el ejemplar de bolsillo ya presentía con qué y con quién me iba a encontrar: Martha, Vicente, Elba Esther, el mismísimo Madero, el General Calles… una larga lista de los asiduos a las prácticas del ocultismo que entretejieron la complicada trama de nuestra pintoresca historia política durante el siglo XX y lo poco que llevamos del XXI ayudados por fuerzas paranormales y luces de ultratumba. Sin duda, la anécdota más vistosa fue la historia de la Gordillo en África. No es que dude que la maestra sea capaz de cualquier cosa, pero irse a Nigeria a matar un león para luego untarse las tripas del animal por el cuerpo superó todas mis expectativas.
Justo estaba en esta parte del libro, titulado “La maestra en África”, cuando llegó a España la noticia del cierre de Luz y Fuerza del Centro. Por lo visto, la noche del 10 de octubre, fuerzas públicas intervinieron sus instalaciones y México amaneció con una edición extraordinaria del Diario Oficial de la Federación en la que se decretaba la extinción de dicha compañía. Así, con un par de cojones, como dirían por estas tierras, Calderón desafió a uno de los sindicatos más poderosos del país y de paso le inyectó un buena dosis de vitaminas a su anémico liderazgo político, si es que podemos definir como liderazgo a la triste situación en la que hoy se encuentra la presidencia.
Después de leer la noticia, lo primero que hice fue preguntarme cómo quedaría la grácil figura de Elbita y su parcela en el SNTE después de todo este enredo. Me pregunté si sentiría su posición amenazada al ver que sus compañeros sindicalistas eran ninguneados de esta manera. Pero inmediatamente me vino a la cabeza la imagen del león despanzurrado y de la maestra untándose sus tripas, y supe, como en una epifanía, que a nuestra querida Elba Esther no iba a pasarle nada y que, en el peor de los casos, hasta saldría fortalecida. Seguro que en esta ocasión la luz y la fuerza también la acompañan.
